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Técnicas de comunicación y relación de ayuda en ciencias de la salud, 3ª Ed.

 

Introducción

Con bastante frecuencia, en nuestra vida cotidiana encontramos dificultades para comunicarnos de forma clara y transparente. Cuando nos comunicamos tenemos la impresión de que nuestra comunicación es nítida; sin embargo, observamos cómo nuestro interlocutor ha captado, comprendido o interpretado cosas distintas. Esto nos muestra que en nuestra comunicación comprendernos no es tan fácil ni tan evidente.

Esto nos puede llevar a evitar entrar en contacto con ciertas personas, sobre todo si estas están viviendo situaciones difíciles. Si a pesar de todo tenemos que comunicarnos, bastantes veces resulta no ser una comunicación abierta y espontánea, pues intentamos ocultar lo que realmente pensamos y, más aún, ocultamos nuestros verdaderos sentimientos, dando lugar a una comunicación no auténtica, ni sincera, ni espontánea, que al ser percibida así por nuestro interlocutor da como resultado que se interrumpa la relación.

Por otra parte, evitamos con cierta frecuencia conocer a gente nueva, o entrar en contacto con ella, porque tenemos miedo de no saber cómo comenzar una relación, o bien porque pensamos que nos pueden encontrar ridículos o pobres. Otras veces, nos abstenemos de hacer preguntas por temor al qué dirán o qué pensarán sobre nosotros.

Hoy en día sabemos que todas estas difi- cultades pueden evitarse trabajando la comunicación o la forma de comunicarnos. A este propósito, se han publicado bastantes estudios cuya finalidad es ayudar a las personas a mejorar su capacidad de relacionarse y, sobre todo, a ser capaces de expresar sus sentimientos en el transcurso de la comunicación. Así, tenemos las técnicas sobre asertividad (assertion training), entrenamiento de la expresión de sentimientos (training in emotional freedom), desarrollo de habilidades sociales (social skills training), terapia de aprendizaje estructurado (structured learning therapy), entrenamiento sobre la eficacia personal (training in personal effectiveness), etc.

También nosotros con este libro queremos reflexionar, junto con los profesionales de la salud, sobre la mejor manera de comunicarse con los pacientes, con el fin de evitar o disminuir su sufrimiento, y también, en muchos casos, favorecer la comprensión, la aceptación y la operatividad del tratamiento. Esto implica detenernos a revisar cómo es nuestra comunicación con la pareja, la familia, los amigos..., y por consiguiente, con los pacientes y sus familias, etc.

Las técnicas que proponemos, basadas en la comunicación humanista, nos han confirmado que son eficaces. Ahora bien, en un mundo en el que todo va muy rápido, no basta con ensayarlas algunas veces; es necesario ser constantes y perseverar en la práctica de estas.

Creemos que uno de los problemas principales a la hora de aplicar los contenidos que aquí vamos a exponer es la falta de constancia y perseverancia. Si queremos ser eficaces creemos que es necesario tener en cuenta estos tres puntos:

1. En primer lugar, definir de forma muy concreta los comportamientos o las actitudes que queremos cambiar o mejorar.

2. En segundo lugar, observar nuestro comportamiento para saber de dónde partimos; de este modo, a medida que avanzamos, nos iremos dando cuenta del proceso de cambio e iremos verificando si vamos consiguiendo lo que nos habíamos planificado conseguir.

3. En tercer lugar, es necesario practicar, y practicar mucho; sabemos que esto es la base del éxito en cualquier aprendizaje. Esta práctica debe ser bien concreta y estructurada (cómo, cuándo, dónde, de qué manera, con quién...); si no es concreta y continuada, no conseguiremos lo que nos hemos propuesto.

Al comenzar un aprendizaje o crecimiento personal corremos el peligro de abandonar dicho proyecto cuando empezamos a encontrar dificultades. Por ello, creemos importante recordar algunas de las más frecuentes que debemos evitar:

 

Evitar hacernos reproches

Esto quiere decir que, una vez que he programado lo que quiero cambiar o llevar a la práctica, debo tener una actitud de experimentador, y no de moralizador. Por ejemplo, debo evitar culparme diciéndome: «te habías propuesto hablar con tal paciente y no lo has hecho; nunca lo vas a conseguir, siempre dices lo mismo, te propones cosas que no eres capaz de llevar a cabo...». Por el contrario, debo detenerme y preguntarme: ¿cuáles son las ventajas o las insatisfacciones que me proporciona el hacerlo o no? Lógicamente, si no lo hago me sentiré más insatisfecho, deprimido, alejado de los otros, etc. Por tanto, me permito ensayar nuevas actitudes en la comunicación y el cambio, no porque moralmente piense que «debo comunicarme con los otros», sino porque me siento más feliz, en paz y contento en mis relaciones con los otros.

 

Evitar la creencia irracional de que no puedo o soy incapaz de cambiar

Podemos (y, en muchos casos, debemos) estar abiertos al cambio, sabiendo que este es posible si nos lo proponemos. Por tanto, si partimos del sentimiento de que siempre es posible el cambio (lo cual no quiere decir que no cueste), entonces, aunque sea lentamente, este se irá produciendo. Esto lleva consigo descartar ciertas teorías muy deterministas, o populares, que parecen sostener que es imposible cambiar, como si la persona fuera inamovible. Lógicamente, si creemos que no podemos cambiar, ya nos predisponemos a no hacerlo, mediante excusas tales como: «esto es muy difícil», «yo soy así», «yo ya tengo demasiados años», etc. Descartemos, pues, toda excusa o etiqueta, la cual no hará más que empeorar nuestra relación y la de los que nos rodean.

 

Evitar culpabilizar a los otros de no poder conseguir lo que nos proponemos

Es una realidad, ya plasmada a través de los mitos, como el del paraíso: «Adán, ¿qué has hecho?», «Yo nada... la mujer que Tú me diste...». Es decir, es una constante el no querer asumir nuestra responsabilidad y echar la culpa a los otros, y para ello empleamos las excusas que sean necesarias, culpando a los demás de lo que nos pasa o queremos conseguir y no podemos.

 

Evitar las explicaciones fáciles de nuestros comportamientos

Tenemos a veces la impresión de tener «intuiciones » que nos parecen justas sobre la causa de nuestros sentimientos y comportamientos. Buscamos la razón de esto en explicaciones que hemos aprendido y que damos por verdaderas, aunque muchas veces no lo son, sino que son ideas erróneas o irracionales. Por tanto, es de gran utilidad e interés tener una actitud escéptica y cuestionarnos sobre la causa de dichos sentimientos y comportamientos.

Pongamos un ejemplo: a ciertos padres que tienen problemas con sus hijos les oímos decir con frecuencia: «Durante años no paro de gritarle a alguno de mis hijos, por su comportamiento, delante de sus hermanos, y a veces amigos, sin que parezca enterarse y, sobre todo, cambiar. Ya no sé qué hacer. A veces le castigo y es peor». Sin embargo, algunos investigadores como O’Leary, D.D. Kaufman y otros (1970) afirman que las críticas hechas en voz alta delante de gente, así como los castigos, tienden a reforzar dichos comportamientos. Por tanto, estos padres toman una solución que, lejos de ser tal, se convierte en causa de los problemas. Esto nos tiene que llevar a cuestionarnos la(s) forma(s) de comunicar que no nos dan resultados y que, sin embargo, seguimos practicando.

 

Ser muy concretos en la definición de nuestras dificultades

Es importante detenerse para reconocer cuáles son nuestras dificultades, y esto de

la manera más precisa posible. Reconocer que en tal o cual situación tenemos esta u otra dificultad, y ello, no para juzgarnos o condenarnos, sino para saber exactamente lo que queremos cambiar de nuestro comportamiento. Por ejemplo, quiero modificar ciertas conductas como: ser menos tímido, o menos agresivo, o más asertivo, etc. Esto ya es un comienzo al ser capaz de tomar conciencia, pero no es suficiente para cambiar, pues no concreto en qué quiero variar. Es necesario conocer exactamente cómo la agresividad, la timidez o la falta de asertividad se manifiestan de forma concreta en nuestro caso. Determinar con exactitud qué sentimientos o comportamientos se manifiestan como desagradables. Qué comportamientos de la gente me suscitan conductas o sentimientos agradables o desagradables. A modo de ejemplo, le presentamos alguna de las formas de poder llevar a cabo lo que acabamos de afirmar:

1. Hacer una parrilla de las situaciones y personas con las que quiero cambiar mi comportamiento.

2. Anotar regularmente nuestras observaciones. Al menos durante una semana es conveniente anotar:

a. Exactamente en qué situaciones encuentro dificultad o éxito en la comunicación.

b. Cuáles son mis comportamientos en dichas situaciones. Describa lo que hace o dice de forma concreta y observable. Por ejemplo, decir «me siento ansioso o lleno de cólera» es demasiado amplio, pues esto no da suficiente información para poder cambiar algo. Indique más concretamente y de forma precisa lo que hace. Por ejemplo, en lugar de decir «estoy agresivo», anote las palabras que ha dicho, el tono de voz y la expresión facial y gestual empleada.

3. Anotar lo que físicamente siento realmente en ese momento.

4. Anotar lo que pienso y lo que me digo a mí mismo en esta situación.

5. Anotar los resultados que obtengo y las consecuencias obtenidas tanto para mí como para los otros.

6. Anotar qué otros comportamientos me gustaría tener en el futuro cuando se me presenten situaciones parecidas.

Estas son algunas observaciones que es necesario nos hagamos, lo más inmediatamente posible, después de que se ha producido el comportamiento que deseo modificar. Esto evitará que me olvide de muchos de los detalles importantes y de sustituirlos por interpretaciones erróneas. Estas observaciones inmediatas me permitirán saber mejor dónde se sitúan mis dificultades y lo que suscitan las emociones o comportamientos que quiero cambiar. Todo esto no basta con hacerlo algunas veces, es necesario insistir al menos durante dos semanas para comenzar a ir viendo ciertos resultados.

7. Anotar nuestras observaciones de forma sistemática . Se trata de calcular el número de veces que realizo una acción (p. ej., el número de veces por día que muestro o digo palabras cariñosas a mi pareja) o bien el tiempo que dura este comportamiento (p. ej., durante cuánto tiempo converso con mi pareja, o amigos, cuánto tiempo le dedico al paciente, etc.). Conviene apuntarlo, no dejarlo a la memoria, pues se nos olvidará y nos costará más verificar el cambio que vamos haciendo. Escriba inmediatamente en su agenda o libreta sus observaciones.

Este libro lo hemos estructurado en cuatro secciones, y cada una dividida en capítulos.

En la primera sección, reflexionamos sobre la naturaleza de la comunicación humana y la importancia de conocer ciertos principios de esta con el fin de relacionarnos mejor.

Asimismo, hacemos una llamada a pararnos y reflexionar sobre la eficacia tanto de saber realizar una buena observación, como de la comunicación no verbal, sabiendo que esta siempre se presta a la interpretación y que para no interpretar, pues nos podemos equivocar, lo mejor es clarificar con nuestro interlocutor lo que nos quiere decir con sus mensajes no verbales.

La segunda sección de este libro es, a nuestro juicio, la más práctica y más importante. Está basada en la psicología humanista. Es el fruto, no solo de la experiencia de muchos cursos impartidos y supervisiones de situaciones realizadas, sino también de nuestra práctica clínica. En esta sección abordamos los puntos importantes que debe tener en cuenta el emisor (profesional) al comunicarse con el paciente —con el fin de que su mensaje sea bien comprendido y no se preste a que el interlocutor tenga que interpretar o adivinar—. Partimos del principio de que todo mensaje, dado por el emisor (profesional), que se preste a interpretación es una comunicación deficiente.

Por otro lado, abordamos cómo debe recibir el mensaje el interlocutor o receptor, y para ello insistimos principalmente en los principios siguientes: feedback, empatía, autenticidad, respeto o aceptación incondicional del emisor y centrarnos en él, utilizando el método de resolución de problemas como una técnica clara de que nos centramos en él. Transcribimos entrevistas concretas en las que mostramos cómo llevamos a la práctica la teoría que presentamos. Esta nos permite ver un ejemplo de cómo establecer una buena comunicación.

Finalmente, incluimos un capítulo, que viene a ser como una síntesis concreta, sobre cómo realizar la entrevista con el paciente, familiar, etc., teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente.

En la tercera sección abordamos la relación de ayuda. Esta, para que sea eficaz, debe ser estructurada. Presentamos esta estructura teniendo en cuenta las diversas fases de la relación de ayuda. Abordamos ampliamente cada fase, así como los problemas que pueden surgir en cada una, tanto por parte del profesional como del paciente.

La cuarta y última sección la hemos centrado en la comunicación grupal, es decir, cómo los profesionales estamos llamados a trabajar en grupo y con grupos, así como a dirigir y asistir a reuniones. Damos aquí unas pinceladas sobre estos dos grandes temas, con el fin de que nos puedan ser útiles tanto en el trabajo de grupo como en saber dirigir una reunión.

Espero que este preámbulo nos ayude a adentrarnos juntos en las reflexiones de este libro.

L. Cibanal Juan

 

 

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