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Capítulo 1. Disfagia orofaríngea y trastornos motores esofágicos

V. Ortíz Bellver y P. Clavé Civit Descargar en formato PDF    Descargar PowerPoint

INTRODUCCIÓN

La disfagia es la percepción de dificultad para el transporte de los alimentos desde la boca hasta el estómago. El acto de la deglución consta de 4 fases: fase oral preparatoria, fase oral de transporte, fase faríngea y fase esofágica. Cuando está alterada la fase oral y/o faríngea se la denomina disfagia orofaríngea. La disfagia de origen esofágico puede estar causada por trastornos motores del cuerpo esofágico y/o de sus esfínteres.

DISFAGIA OROFARÍNGEA FUNCIONAL

La disfagia orofaríngea funcional es un trastorno de la motilidad orofaríngea que afecta a la propulsión del bolo, a la reconfiguración orofaríngea durante la deglución o a la apertura del esfínter esofágico superior (EES).

Prevalencia

La prevalencia de la disfagia orofaríngea funcional en pacientes con enfermedades neurológicas es muy elevada: afecta a más del 30% de pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular; al 52-82% con Parkinson; al 60% de pacientes con esclerosis lateral amiotrófica; al 40% de pacientes con miastenia gravis; al 44% de pacientes con esclerosis múltiple, y hasta al 84% de pacientes con enfermedad de Alzheimer. La disfagia es un síndrome geriátrico con una prevalencia del 56-78% en los ancianos institucionalizados, y hasta del 44% en los ancianos ingresados en un hospital general.

Fisiopatología y diagnóstico

El objetivo del diagnóstico de la disfagia orofaríngea funcional es evaluar: a) la eficacia o capacidad de transporte de la deglución; b) la seguridad de la deglución o posibilidad de que se produzcan aspiraciones a la vía respiratoria, y c) el origen de los síntomas del paciente. Para el estudio de la deglución disponemos de 2 grupos de métodos de diagnóstico: a) los métodos clínicos (historia clínica y exploración clínica) que se utilizan como métodos de cribado, y b) las exploraciones complementarias específicas (videofluoroscopia [VFS] y manometría faringoesofágica [MFE]) que permiten estudiar la fisiopatología de la disfagia en cada paciente (fig. 1-1).

Figura 1-1. Algoritmo diagnóstico y terapéutico para los pacientes con disfagia orofaríngea. MECV-V: método de exploración clínica de la disfagia volumen-viscosidad; TC: tomografía computarizada; TEGD: tránsito esofagogastroduodenal; RM: resonancia magnética; EES: esfínter esofágico superior.

 

Figura 1-1. Algoritmo diagnóstico y terapéutico para los pacientes con disfagia orofaríngea. MECV-V: método de exploración clínica de la disfagia volumen-viscosidad; TC: tomografía computarizada; TEGD: tránsito esofagogastroduodenal; RM: resonancia magnética; EES: esfínter esofágico superior.

Métodos clínicos

La disfagia a sólidos sugiere un problema obstructivo mientras que la disfagia a líquidos sugiere una disfagia funcional. Una historia de infecciones respiratorias repetitivas orienta a una disfagia funcional. Los atragantamientos, tos o voz húmeda sugieren una aspiración, aunque en pacientes neurológicos hasta el 40% de aspiraciones son silentes y no se acompañan de tos. El aumento del tiempo en cada ingesta y la pérdida de peso indican una disminución de la eficacia de la deglución. La exploración clínica de la deglución se realiza mediante bolos de 5-20 ml y diferentes viscosidades (20-4.000 mPa.s). Este método de cribado permite identificar signos que afectan a la eficacia de la deglución (sello labial, residuos orales, deglución fraccionada y residuos faríngeos) y signos que afectan a la seguridad de la deglución (tos relacionada con la deglución, voz húmeda o áfona, disminución de la saturación de oxígeno ≥ 3% registrada mediante un pulsioxímetro) (fig. 1-2) con una sensibilidad superior al 85% y, además, seleccionar el volumen y viscosidad del bolo más seguro y eficaz para cada paciente.

Figura 1-2. Algoritmo del método de exploración clínica volumen-viscosidad (MECV-V). El MECV-V es una prueba clínica de esfuerzo deglutorio que permite identificar las alteraciones de seguridad y eficacia de la deglución en pacientes con disfagia orofaríngea. La exploración se inicia por la viscosidad media y un volumen bajo para proteger al paciente y la exploración progresa mediante la administración de bolos de creciente dificultad hasta que el paciente presenta signos de aspiración. Si el paciente presenta signos de alteración de la seguridad, se interrumpe la serie y se pasa a una serie de viscosidad superior.

 

Figura 1-2. Algoritmo del método de exploración clínica volumen-viscosidad (MECV-V). El MECV-V es una prueba clínica de esfuerzo deglutorio que permite identificar las alteraciones de seguridad y eficacia de la deglución en pacientes con disfagia orofaríngea. La exploración se inicia por la viscosidad media y un volumen bajo para proteger al paciente y la exploración progresa mediante la administración de bolos de creciente dificultad hasta que el paciente presenta signos de aspiración. Si el paciente presenta signos de alteración de la seguridad, se interrumpe la serie y se pasa a una serie de viscosidad superior.

Exploraciones complementarias Videofluoroscopia

La VFS es una técnica radiológica dinámica que obtiene una secuencia en perfil lateral y anteroposterior de la deglución de un contraste hidrosoluble. Actualmente se considera esta técnica como el patrón oro del estudio de la disfagia orofaríngea. Los objetivos de la VFS son objetivar los signos de seguridad y la eficacia de cada fase de la deglución, evaluar la eficacia de los tratamientos y cuantificar la respuesta motora orofaríngea. La VFS permite identificar a los pacientes con aspiraciones silentes que están en riesgo elevado de presentar una neumonía aspirativa.

Signos videofluoroscópicos de la fase oral. Las alteraciones del sello labial, la apraxia (dificultad, retraso o imposibilidad en iniciar la fase oral) y la disminución del control y de la propulsión lingual del bolo afectan a la eficacia de la fase oral. La principal alteración de la seguridad de la fase oral es la insuficiencia del sello palatogloso (lengua-paladar blando) que puede originar una aspiración predeglutoria.

Signos videofluoroscópicos de la fase faríngea. El residuo en la vallecula o en los senos piriformes y las alteraciones de apertura del EES disminuyen la eficacia de la deglución. Se denomina penetración a la entrada de contraste en el vestíbulo laríngeo sin rebasar las cuerdas vocales. Si se produce una aspiración el contraste atraviesa las cuerdas y pasa al árbol traqueobronquial (fig. 1-3).

Figura 1-3. Configuración temporal de la respuesta motora orofaríngea durante la ingesta de un bolo de 5 ml de viscosidad líquida en un individuo sano (A) y en un paciente con disfagia neurógena que presenta una aspiración (B). El paciente presenta un incremento en la duración total de la respuesta orofaríngea y un retardo en el cierre del vestíbulo laríngeo y de la apertura del esfínter superior. El punto blanco indica el momento de la penetración de contraste en el vestíbulo laríngeo y el punto lila indica el paso al árbol traqueobronquial (aspiración). GPJ: sello glosopalatino; VPJ: sello velopalatino; LV: vestíbulo laríngeo; UES: esfínter esofágico superior.

 

Figura 1-3. Configuración temporal de la respuesta motora orofaríngea durante la ingesta de un bolo de 5 ml de viscosidad líquida en un individuo sano (A) y en un paciente con disfagia neurógena que presenta una aspiración (B). El paciente presenta un incremento en la duración total de la respuesta orofaríngea y un retardo en el cierre del vestíbulo laríngeo y de la apertura del esfínter superior. El punto blanco indica el momento de la penetración de contraste en el vestíbulo laríngeo y el punto lila indica el paso al árbol traqueobronquial (aspiración). GPJ: sello glosopalatino; VPJ: sello velopalatino; LV: vestíbulo laríngeo; UES: esfínter esofágico superior.

Respuesta motora orofaríngea. La posibilidad de digitalización y análisis cuantitativo de las imágenes de la VFS permite una medida precisa de la respuesta motora orofaríngea en los pacientes con disfagia (fig. 1-3). Como se observa en la figura 1-3, la lentitud en el cierre del vestíbulo laríngeo y en la apertura del EES son las alteraciones responsables de las aspiraciones. Los residuos orofaríngeos se producen por la disminución de la fuerza de propulsión lingual.

Manometría faringoesofágica

La MFE es la técnica de elección para el estudio de la relajación del EES. En condiciones normales, la completa relajación del EES permite alcanzar presiones subatmosféricas durante la deglución. La incapacidad de que el EES se relaje y la consecuente disminución de su complianza ocasionan un incremento en la presión residual en el esfínter y la hipofaringe a medida que se incrementa el volumen del bolo. Las alteraciones de la relajación del EES pueden deberse a una espasticidad muscular de origen neurológico (enfermedad de Parkinson, traumatismo craneoencefálico [TCE], lesiones medulares) o a la fibrosis del EES en pacientes con divertículo de Zenker. El progresivo incremento de la presión hipofaríngea causada por la elevada resistencia del EES ocasiona el desarrollo por pulsión del divertículo de Zenker.

Tratamiento de la disfagia orofaríngea

La aplicación de programas de diagnóstico y tratamiento de la disfagia orofaríngea ocasiona una importante reducción de la incidencia de neumonías por aspiración y la mejora del estado nutricional (fig. 1-1). El objetivo del tratamiento de la disfagia orofaríngea es el mantenimiento de la vía oral mientras sea posible mantener el estado nutricional y evitar las complicaciones respiratorias. Las estrategias de tratamiento de la disfagia orofaríngea se agrupan en 4 grandes grupos: a) tratamiento rehabilitador (estrategias posturales, incremento sensorial, praxias neuromusculares y maniobras específicas); b) modificación de las características del bolo: volumen y viscosidad; c) gastrostomía endoscópica percutánea, y d) procedimientos quirúrgicos sobre el EES. La mejor práctica clínica actual consiste en la selección del tratamiento de los pacientes con disfagia en función de la gravedad de las alteraciones de eficacia y seguridad identificadas durante el estudio funcional: a) los pacientes con alteraciones discretas de la eficacia y una correcta seguridad pueden seguir una dieta libre; b) los pacientes con alteraciones moderadas requieren cambios destinados a disminuir el volumen e incrementar la viscosidad del bolo alimentario; c) los pacientes con alteraciones graves van a requerir además técnicas del tipo postural, maniobras activas e incremento sensorial oral, y d) existe un grupo de pacientes con alteraciones tan graves que no es posible tratarlas mediante la aplicación de las técnicas de rehabilitación, en los que la vía oral no es posible y es necesaria la colocación de una gastrostomía endoscópica percutánea. En casos extremos, en los que el paciente continúa aspirando secreciones orofaríngeas, se debe considerar una inyección de toxina botulínica en las glándulas salivales o, en última instancia, una separación laringotraqueal. La miotomía del cricofaríngeo debe restringirse a los pacientes con alteración de la apertura y relajación del EES asociados al divertículo de Zenker en pacientes con el reflejo deglutorio preservado.

Tratamiento rehabilitador

Estrategias posturales

Permiten modificar las dimensiones de la orofaringe y de la vía que debe seguir el bolo. La flexión anterior del cuello permite proteger la vía respiratoria; la flexión posterior facilita el drenaje gravitatorio faríngeo y mejora la velocidad de tránsito oral; la rotación de la cabeza hacia el lado faríngeo paralizado dirige la comida al lado sano, aumenta la eficacia del tránsito faríngeo y facilita la apertura del EES; la deglución en decúbito lateral o supino protege de la aspiración de un residuo hipofaríngeo. El efecto de estas estrategias es modesto ya que como mucho consiguen evitar las aspiraciones en el 25% de los pacientes en que se aplican.

Estrategias de incremento sensorial oral

Son útiles en pacientes con apraxia o alteraciones de la sensibilidad oral (muy frecuente en pacientes ancianos). La mayoría de estrategias de incremento sensorial comprenden la estimulación mecánica de la lengua, modificaciones del bolo (volumen, temperatura, y sabor) o la estimulación mecánica de los pilares faríngeos. Los sabores ácidos, como el del limón o la lima, o las sustancias frías (helado, hielo) desencadenan el mecanismo de la deglución y pueden reducir el número de aspiraciones.

Praxias neuromusculares

Tienen como objetivo mejorar la fisiología de la deglución, y el tono, la sensibilidad y la motricidad de las estructuras orales (labios, lengua) y la musculatura suprahioidea. Una de estas praxias, denominada maniobra de Shaker (un ejercicio isométrico-isotónico de flexión anterior del cuello para potenciar la musculatura suprahioidea de 6 semanas de duración), ha conseguido demostrar un cambio en la fisiología orofaríngea y un efecto terapéutico en los pacientes con disfagia. En concreto, la maniobra de Shaker origina un significativo incremento en la apertura anteroposterior del EES y del desplazamiento anterior de la laringe. Además los pacientes mostraron una significativa disminución en el residuo posdeglutorio y en las presencia de aspiraciones posdeglutorias.

Maniobras deglutorias específicas

Están específicamente dirigidas a compensar alteraciones biomecánicas concretas, y el paciente debe ser capaz de aprenderlas y realizarlas de forma automatizada. Las más importantes son la deglución supraglótica, la super/supraglótica, la deglución de esfuerzo o forzada, la doble deglución y la maniobra de Mendelsohn. El efecto terapéutico de estas estrategias es moderado, su aplicación requiere un paciente cognitivamente íntegro y colaborador, y los efectos son evidenciables a medio y largo plazo.

Electrostimulación

También llamada estimulación eléctrica transcutánea o intramuscular de los músculos milohioideos y tirohioideos, es un tratamiento descrito recientemente que permite incrementar el ascenso hioideo y laríngeo y mejorar la protección frente a las aspiraciones.

Modificación del volumen y viscosidad del bolo

Diversos grupos de expertos están de acuerdo en que la modificación de la textura de los líquidos es extremadamente importante para asegurarse de que los pacientes con disfagia orofaríngea funcional asociada al envejecimiento o a enfermedades neurológicas estén adecuadamente nutridos e hidratados sin que presenten aspiraciones. En pacientes con disfagia neurógena, la reducción del volumen del bolo y los incrementos de viscosidad causan un importante efecto terapéutico sobre los signos de eficacia y seguridad. La viscosidad es una propiedad física que se puede medir y se expresa en unidades del Sistema Internacional denominadas pascal-segundo (Pa.s). La prevalencia de penetraciones y aspiraciones es máxima con líquidos (20 mPa.s) y disminuye con bolos de viscosidad néctar (300 mPa.s) y puding (4.000 mPa.s). El efecto terapéutico de los incrementos de viscosidad es muy intenso; la prevalencia de aspiraciones de bolos líquidos sobrepasa el 20% en pacientes neurológicos y ancianos y se reduce significativamente mediante viscosidad néctar (10,5%) y viscosidad puding (5,3%). Los cambios de volumen y viscosidad del bolo alimentario son un tratamiento muy valioso ya que se trata de un método de gran eficacia terapéutica, no fatiga, no requiere integridad cognitiva y no conlleva ningún aprendizaje, y la aplicación de la estrategia corre a cargo del cuidador. Diversas sociedades dietéticas han desarrollado guías de adaptación de los alimentos con las viscosidades y texturas más adecuadas en función de la severidad de la disfagia y del estado nutricional del paciente.

Gastrostomía endoscópica percutánea

La gastrostomía endoscópica percutánea está indicada en pacientes con enfermedades crónicas o progresivas con una esperanza de vida de al menos 3 meses (fig. 1-4). La alimentación por sonda nasogástrica sólo está justificada en pacientes con disfagia aguda que puede evolucionar favorablemente a reutilizar la vía oral en un período inferior a 2 meses. Está totalmente desaconsejada la utilización de la sonda nasogástrica en pacientes con enfermedades crónicas o progresivas en los que va a evitarse la vía oral por un período superior a 2 meses. En la mayoría de pacientes que requieren una gastrostomía es posible y debe intentarse mantener una pequeña proporción de alimentación por vía oral en condiciones de seguridad.

Figura 1-4.Algoritmo para la indicación de gastrostomía endoscópica percutánea (PEG) en pacientes con disfagia orofaríngea grave asociada a una enfermedad crónica (accidente cerebrovascular, traumatismo craneoencefálico, posradioperapia) o progresiva (enfermedades neurodegenerativas, envejecimiento). La selección del tratamiento se realiza en función de las alteraciones de la seguridad de la deglución observadas durante la videofluoroscopia (VFS) y las posibilidades de tratamiento.

 

Figura 1-4.Algoritmo para la indicación de gastrostomía endoscópica percutánea (PEG) en pacientes con disfagia orofaríngea grave asociada a una enfermedad crónica (accidente cerebrovascular, traumatismo craneoencefálico, posradioperapia) o progresiva (enfermedades neurodegenerativas, envejecimiento). La selección del tratamiento se realiza en función de las alteraciones de la seguridad de la deglución observadas durante la videofluoroscopia (VFS) y las posibilidades de tratamiento.

Tratamiento quirúrgico de la disfagia orofaríngea

Pacientes con alteraciones de apertura del cricofaríngeo sin divertículo

La selección de los pacientes para la miotomía del EES es difícil. La miotomía está exclusivamente indicada en pacientes con disfagia orofaríngea que presenten: a) una alteración de la apertura del esfínter con una disminución de la complianza y un incremento de la resistencia al flujo, y b) una propulsión lingual y respuesta motora orofaríngea preservada. Los marcadores manométricos para la selección de estos pacientes son la pérdida del descenso de presión subatmosférica y el incremento en la presión intrabolo en el registro manométrico. En los pacientes sin antecedentes neurológicos y reflejo deglutorio preservado, los resultados son positivos en dos tercios de los pacientes intervenidos. Por el contrario, los resultados de la miotomía son mediocres cuando se aplica a pacientes con trastornos espásticos de la apertura del EES (enfermedad de Parkinson, TCE) y alteraciones severas de la respuesta motora orofaríngea asociadas a disfagia neurógena.

Pacientes con divertículo de Zenker

El estudio histológico del EES de los pacientes con divertículo de Zenker demuestra la degeneración del tejido muscular estriado y su sustitución por tejido fibroadiposo mucho menos distensible. Mediante estudios funcionales se ha demostrado que en los pacientes con divertículo de Zenker la miotomía del cricofaríngeo normaliza la presión hipofaríngea y la distensibilidad del EES y es por tanto un elemento imprescindible en el tratamiento de estos pacientes. Una reciente revisión de los resultados del tratamiento quirúrgico del divertículo de Zenker sugiere que el tratamiento de elección de los divertículos pequeños (< 2 cm) es la miotomía exclusivamente; los divertículos de tamaño moderado pueden ser tratados mediante miotomía asociada a suspensión y los de tamaño grande mediante miotomía asociada a resección del divertículo. Los resultados clínicos y funcionales de la vía abierta en pacientes con divertículo de Zenker son excelentes (> 96%) y la tasa de complicaciones baja. Más recientemente se han descrito técnicas endoscópicas de división de la pared común entre el divertículo y la luz esofágica mediante aplicación de láser CO2 o mediante una sutura mecánica que establece una anastomosis entre la pared esofágica posterior y la anterior del divertículo y secciona el cricofaríngeo.

Indicaciones de la inyección de toxina botulínica en el esfínter esofágico superior

La inyección de toxina botulínica sobre el músculo cricofaríngeo permite conseguir la parálisis (relajación) de éste permitiendo la deglución en pocos días. Tiene como inconveniente que el efecto es gradualmente reversible aunque es posible repetir las sesiones. Está indicada en pacientes con disfunción primaria del cricofaríngeo, cuando se precise un efecto transitorio o en aquellos casos en que la miotomía sea de muy alto riesgo. Con el paciente sedado, se practica la endoscopia, se localiza la hipofaringe, el músculo cricofaríngeo y se inyecta la toxina con una aguja de esclerosis a nivel dorso medial (50%) y a cada lado del músculo (25%). Se suele administrar entre 50-100 U por sesión. La sesión suele durar unos 20 min aproximadamente y requiere un ingreso hospitalario corto.

TRASTORNOS MOTORES ESOFÁGICOS

Concepto y clasificación

Los trastornos motores del esófago se caracterizan por la alteración de la función del músculo liso esofágico, bien del peristaltismo del cuerpo esofágico o de la presión y/o relajación del esfínter esofágico inferior (EEI).

Se diferencian los primarios —no asociados a ninguna otra situación que pudiera ser su causa— de los secundarios, que aparecen en el contexto de otra enfermedad neuromuscular, sistémica, metabólica, infecciosa o tumoral (tabla 1-1) que se considera su origen.

Tabla 1-1 Causas de los trastornos motores esofágicos secundarios

 

Trastornos motores primarios del esófago

La manometría esofágica es la técnica que permite el diagnóstico de los trastornos motores esofágicos. La introducción de la manometría de alta resolución y la representación topográfica de las presiones obtenidas ha llevado a un mejor conocimiento de la fisiopatología esofágica. Ello se ha traducido en una nueva clasificación de los trastornos motores esofágicos (tabla 1-2) que los divide en 2 subgrupos según sea la presión integrada de relajación del EEI. Este parámetro es la media de la presión de relajación más baja durante 4 s después de la deglución líquida, siendo 15 mmHg el punto de corte para diferenciar las 2 categorías.

Tabla 1-2 Clasificación de Chicago de los trastornos motores esofágicos

 

La acalasia esofágica es el trastorno motor digestivo mejor caracterizado. Se define por la alteración en la relajación del EEI tras la deglución y por la ausencia de ondas peristálticas en el esófago inferior. Su incidencia se ha estimado en 0,5 casos por 100.000 habitantes/año. Su etiología es desconocida. El mecanismo patogénico en la acalasia idiopática es la pérdida inflamatoria de las neuronas inhibitorias del plexo mientérico esofágico, que en el EEI y en el cuerpo esofágico provocaría una disminución en la disponibilidad de neurotransmisores inhibidores como el óxido nítrico y el polipéptido intestinal vasoactivo, responsables de la relajación del músculo liso y de la aparición del peristaltismo.

Trastornos motores esofágicos secundarios

La situación clínica con mayor frecuencia asociada a alteraciones motoras del esófago es la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Algunas anomalías motoras pueden ser la causa del reflujo (hipotonía del EEI) o condicionar su gravedad (alteraciones del peristaltismo esofágico). A su vez, los cambios inflamatorios provocados por el reflujo pueden alterar la función esofágica.

En la esclerodermia se produce fibrosis y degeneración del músculo liso esofágico, respetándose el músculo estriado. Esto provoca una hipotonía del EEI y una alteración progresiva del peristaltismo esofágico. Con frecuencia existe reflujo gastroesofágico, que suele ser grave, y puede aparecer disfagia por alteración del tránsito esofágico.

En otras situaciones, como la diabetes mellitus y el alcoholismo, las alteraciones motoras esofágicas no suelen provocar manifestaciones clínicas.

Criterios diagnósticos

La endoscopia tiene una utilidad limitada en el diagnóstico de los trastornos motores esofágicos pero es imprescindible su realización para descartar otras enfermedades o complicaciones.

Los trastornos motores primarios del esófago se diagnostican según criterios manométricos, tras descartar cualquier etiología que pueda justificar su presencia. Los criterios diagnósticos actuales se expresan en la tabla 1-1. Esta novedosa clasificación basada en los conocimientos aportados por la manometría de alta resolución está en pleno proceso de aplicación y probablemente precise ser modificada o adaptada conforme avance el conocimiento de la técnica.

La mera presencia de una alteración en la función del EEI o del cuerpo esofágico en el contexto de una enfermedad que pueda ser su origen es suficiente para el diagnóstico de trastorno motor esofágico secundario.

El diagnóstico diferencial de la acalasia debe realizarse con la seudoacalasia, especialmente con la de origen neoplásico. Los datos que apoyan este diagnóstico son el inicio de los síntomas a una edad avanzada, la progresión rápida de éstos, pérdida de peso importante y dificultad para franquear el cardias con el endoscopio. Si existe sospecha clínica, la prueba de elección es la ultrasonografía endoscópica y la toma de biopsias que puede ser dirigida.

Tratamiento

Acalasia esofágica

La causa de la degeneración neuronal característica de la acalasia es desconocida y, por ello, no existe tratamiento etiológico que normalice la función esofágica. Las alternativas terapéuticas disponibles son de carácter paliativo y su objetivo es disminuir la presión del EEI para mejorar el vaciamiento esofágico y conseguir el alivio de la sintomatología y mejorar la calidad de vida. La manometría de alta resolución permite obtener mayor información cuya aplicabilidad clínica está por definir. La información aportada por esta técnica permite clasificar la acalasia en 3 tipos. Se ha sugerido que esta clasificación tendría valor pronóstico, de tal forma que los pacientes del tipo II (acalasia con compresión) responderían mejor a cualquier forma de tratamiento que los del tipo I (acalasia clásica) y III (acalasia espástica).

Tratamiento farmacológico

Diversas sustancias pueden relajar el músculo liso y disminuir la presión de reposo del EEI. Entre ellas cabe destacar los nitratos de acción prolongada (como dinitrato de isosorbida) y los antagonistas del calcio (como nifedipino, que se utiliza en dosis de 10 mg por vía oral o sublingual antes de las comidas o cuando aparece dolor torácico). Su utilidad real en la práctica clínica es escasa, ya que su eficacia es limitada y provocan con frecuencia efectos secundarios, especialmente cefalea, rubor facial y edemas. Se indican en pacientes con síntomas leves; en quienes no es posible otra opción terapéutica o la rechazan, y como tratamiento sintomático, complementario de otro más eficaz.

Inyección de toxina botulínica

La toxina botulínica produce una disminución de la liberación de acetilcolina en las terminaciones nerviosas. La razón de su uso en la acalasia es compensar la pérdida de efecto de la inervación inhibidora con una disminución del efecto de la inervación excitadora. Se administra por vía endoscópica inyectando 20-25 U en cada cuadrante justo por encima de la unión esofagogástrica.

Produce una disminución de la presión del EEI y una mejoría sintomática en el 70-80% de los pacientes al mes del tratamiento. Su inconveniente es la transitoriedad de su efecto, ya que menos de la mitad de los pacientes refieren mejoría transcurrido un año. Su eficacia parece ser mayor en los pacientes de más edad. En comparación con la dilatación neumática, su eficacia es significativamente menor a los 6 y 12 meses tras el tratamiento. Los efectos secundarios son escasos y leves, apareciendo reflujo gastroesofágico en menos del 5% de los pacientes. Es un tratamiento de fácil aplicación que no requiere hospitalización pero debe considerarse su elevado precio, que aumenta por la necesidad de repetir su administración.

La transitoriedad de su efecto condiciona que la inyección de toxina botulínica se reserve para pacientes con riesgo excesivo para la dilatación neumática y la cardiomiotomía, o para quienes no desean recibir estos tratamientos.

Dilatación forzada del cardias

El dilatador más empleado en la actualidad es el tipo Rigiflex® , que consiste en un balón de polietileno de 10 cm de longitud y 3, 3,5 o 4 cm de diámetro. Se monta sobre un catéter flexible y su comprueba su correcta situación en el EEI mediante control fluoroscópico. Con la primera sesión de dilatación neumática se obtienen resultados excelentes o buenos tanto a corto (65-85%) como a largo plazo (40-50%), aunque las siguientes sesiones son menos eficaces. Globalmente, con este tratamiento se consiguen buenos resultados a largo plazo en más de dos terceras partes de los pacientes y es más eficaz para el alivio de la disfagia que del dolor. Los factores más útiles para predecir su eficacia son: la edad del paciente (menos eficaz en jóvenes) y la presión del EEI tras la dilatación (más eficaz si < 10 mmHg).

La principal complicación a corto plazo es la perforación. Su incidencia es baja y obliga a considerar la pertinencia de tratamiento quirúrgico inmediato. A veces se trata de una microperforación que en algunos casos puede manejarse con tratamiento conservador. El reflujo gastroesofágico es la principal complicación a medio y largo plazo. Aparece con frecuencia y puede cursar sin síntomas: razón por la cual es útil realizar un examen endoscópico del esófago de manera rutinaria en estos pacientes. El tratamiento con inhibidores de la bomba de protones (IBP) es efectivo para controlar esta complicación.

Las principales contraindicaciones son: a) la existencia de un divertículo epifrénico, si bien no se ha demostrado que incremente el riesgo de perforación; b) las situaciones cardiorrespiratorias agudas u otras que incrementen sus riesgos, y c) la falta de colaboración del paciente. La existencia de una hernia hiatal no es una contraindicación formal.

Cardiomiotomía

Consiste en la miotomía anterior de las fibras del EEI, que se extiende 1 cm hacia el estómago y varios hacia el esófago. Puede realizarse mediante acceso abdominal o torácico, preferiblemente mediante laparoscopia o toracoscopia. Con frecuencia se asocia una fundoplicatura como método antirreflujo.

Los resultados son excelentes o buenos en el 80% de los pacientes. Se ha observado una disminución en la eficacia con el paso del tiempo.

La mortalidad es muy baja, nula en las series que han empleado cirugía endoscópica. La complicación más frecuente es el reflujo gastroesofágico. Su incidencia es menor si se ha realizado técnica antirreflujo.

La cirugía puede indicarse como primera elección en la acalasia. Según un número limitado de ensayos clínicos controlados y aleatorizados, la miotomía por vía laparoscópica podría ser la técnica más efectiva: con menor tasa de recidiva sintomática y sin un número mayor de complicaciones. Es el tratamiento adecuado tras el fracaso de la dilatación neumática. Su indicación es obligada en pacientes en quienes no ha sido posible excluir con un grado de seguridad razonable la existencia de un carcinoma de cardias.

Otros tratamientos

En la actualidad, la miotomía endoscópica del EEI es un tratamiento experimental. En pacientes con sintomatología importante que no responden a otros tratamientos —generalmente portadores de megaesófago— puede realizarse una resección esofágica con reconstrucción. En pacientes muy ancianos y con enfermedades asociadas importantes que impiden cualquier tratamiento eficaz puede conseguirse una alimentación adecuada mediante una gastrostomía.

Selección del tratamiento

Los factores básicos para elegir el tratamiento son: la opinión del paciente una vez informado, las opciones terapéuticas disponibles, el riesgo vital del paciente y la intensidad de los síntomas. Se ha indicado que la pauta más coste-efectiva es la realización de la dilatación neumática como primer tratamiento, reservando la cardiomiotomía para los fracasos de ésta. Los fármacos miorrelajantes y la inyección de toxina botulínica tienen un papel colateral en el manejo de los pacientes con acalasia. En la figura 1-5 se presenta una propuesta de tratamiento de la acalasia.

Figura 1-5.Algoritmo terapéutico en la acalasia esofágica. *Fracaso terapéutico.

 

Figura 1-5.Algoritmo terapéutico en la acalasia esofágica. *Fracaso terapéutico.

Espasmo esofágico difuso

Actualmente se prefiere la denominación espasmo esofágico distal (EED), que puede ser segmentario (si afecta a uno de los dos tercios distales del esófago) o difuso (si afecta a ambos).

Dado que el reflujo gastroesofágico puede ser causa de este tipo de trastorno motor, es adecuado ensayar un tratamiento con IBP a dosis altas. El tratamiento farmacológico mediante miorrelajantes (nitratos y bloqueadores de los canales del calcio) ofrece resultados variables e impredecibles. En general deben ensayarse, porque son eficaces en algunos pacientes. Los fármacos antidepresivos y las benzodiacepinas pueden ser útiles en pacientes con psicopatología.

La toxina botulínica es el tratamiento mejor estudiado para el EED. En todos los estudios mejora la sintomatología en la mayoría de pacientes, tanto la disfagia como el dolor torácico.

En general, la dilatación forzada del cardias no es eficaz; no obstante, puede intentarse en pacientes con hipertonía y/o función anormal del EEI.

La miotomía en el EED debe ser más extensa que en la acalasia, lo que requiere laparotomía. Debe reservarse para pacientes seleccionados, con síntomas muy floridos y que no responden a otras medidas. Sus resultados son peores que los obtenidos en la acalasia.

Otros trastornos motores primarios del esófago

Otras alteraciones motoras suelen ser hallazgos manométricos que no constituyen entidades clínicas bien definidas y sobre los que no existen estudios terapéuticos que permitan hacer recomendaciones.

Es útil ensayar un tratamiento antisecretor con IBP. Algunos casos que cursan con hipertonía del EEI pueden beneficiarse de la dilatación forzada del cardias o de la inyección de toxina botulínica. Debe realizarse un seguimiento para observar si se produce una progresión de la alteración motora hacia formas más avanzadas.

Trastornos motores esofágicos secundarios

Se indica el tratamiento de la enfermedad de base cuando se conoce. En la esclerodermia, el tratamiento antisecretor potente con IBP es muy eficaz para controlar el reflujo gastroesofágico, pero habitualmente debe administrarse durante toda la vida del paciente. El tratamiento quirúrgico antirreflujo no suele indicarse por el riesgo de aparición de disfagia dada la profunda alteración del peristaltismo característica de esta enfermedad, pero puede ser necesario en algunos casos, especialmente en pacientes jóvenes. Los trastornos motores que aparecen en el contexto de la enfermedad por reflujo gastroesofágico y sus manifestaciones clínicas responden bien al tratamiento antisecretor.

Resumen de las recomendaciones terapéuticas con nivel de evidencia científica (EC) y grado de recomendación (GR)

 

PUNTOS DE INCERTIDUMBRE

- No existe consenso ni evidencia científica sobre la duración del tratamiento en pacientes con disfagia orofaríngea. Las técnicas utilizadas por diferentes grupos son muy heterogéneas y no se ha conseguido hasta el momento desarrollar un protocolo de tratamiento multimodal que permita aplicar diferentes técnicas a un mismo paciente en función de las alteraciones fisiopatológicas que presente.

- Existe una gran desproporción entre la gravedad de las complicaciones de la disfagia orofaríngea (malnutrición, deshidratación, neumonía aspirativa, mortalidad, disminución de la calidad de vida) y los escasos recursos terapéuticos dedicados a estos pacientes.

- La manometría de alta resolución permite obtener mayor información de los trastornos motores pero su aplicabilidad clínica no está definida.

- El impacto de la propia enfermedad y de los diversos tratamientos sobre la calidad de vida en pacientes con acalasia no ha sido suficientemente evaluado.

- El tratamiento de los trastornos motores diferentes a la acalasia es incierto.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

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